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HAMBURGUESAS PEDRÍN

HAMBURGUESAS PEDRÍN

EL MONOPOLIO DE LA MENTIRA


Un enemigo público y no un servidor imparcial de la sociedad
Un rápido repaso por los principales medios de comunicación en el Perú arroja un resultado patente: estamos ante un monopolio de la mentira nocivo para el país. La prensa se ha transformado en un elemento disolvente. La búsqueda de la verdad sufre ante este cártel mediático que supera todo lo conocido en la historia del Perú. Nunca antes la mentira fue promovida abusiva y conscientemente por los principales medios de prensa. Nunca antes la falsedad informativa llegó a consolidar un imperio económico capaz de promover una agenda ideológica concreta contraria a la mayoría del país.

La política de los últimos años ha sido definida por este monopolio de la mentira; un factor esencial cuando analizamos los resultados electorales, todos bajo el conjuro de las simpatías y los odios que la prensa ha fomentado de manera torcida para beneficiar sus negocios espurios. Si bien un sector del periodismo actúa por motivos ideológicos (el sóviet caviar, que disfruta el dinero que cobra), son los grandes capitanes económicos del monopolio de la mentira quienes solo piensan en su pitanza, en el cheque que asegure su elitista modo de vida. No piensan en el Perú. No les interesa el bien común. Tienen una agenda personal, ideológica y económica que colisiona con el bienestar del pueblo porque lo subordina a un programa ajeno a nuestros valores.

El monopolio de la mentira tiene que ser combatido y derrotado. El cártel mediático debe ser fragmentado por sus efectos nocivos para el país. La verdad ha de ser restablecida y la autoridad de los medios tiene que alimentarse del poder de un pueblo bien informado. Para eso es imprescindible señalar el fariseísmo de los “líderes de opinión” que se prostituyeron gustosamente al pactar con la corrupción internacional o que optaron por convertirse en los modestos correveidiles de los presidentes de turno, todo con tal de una entrevista. El país entero debe conocer las fallas congénitas de las famosas nulidades que hoy se presentan como la conciencia moral de la nación pero que, en el fondo, representan los intereses del monopolio de la mentira: un fariseísmo tropical ducho en invertir los valores de la mayor parte del país.

La matrix progresista ha sido construida sobre la alianza entre el capitalismo vendepatria, socio de la corrupción de Odebrecht, y el sóviet caviar que se ha apoderado de tribunas mediáticas socialmente relevantes. Es preciso que la mayoría ejerza su predominio no solo en época electoral. Urge que las mayorías forjen una coalición estable y programática que señale la naturaleza pervertida de este monopolio de la mentira. Estamos ante un auténtico enemigo público y no frente a un servidor imparcial de la sociedad: la mentira consensuada, el engaño industrializado, el sesgo político que difama sin escrúpulos debe terminar. El Poder Judicial y el Congreso tienen que actuar asegurando que este monopolio de la mentira sea reemplazado por un pluralismo verdadero. Un pluralismo propio de las sociedades abiertas y de toda democracia que aspira a la calidad.
Por Martín Santiváñez Vivanco

UNJFSC

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