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ODEBRECHT: ¿QUIÉN MORALIZA A LOS MORALIZADORES?


Con las evidencias conocidas, más de uno debería tener prisión preventiva
Nadie en su sano juicio podría cuestionar que la corrupción de la década de 1990 haya sido castigada. Sí podríamos cuestionar evidentes injusticias cometidas contra algunos imputados que al final fueron absueltos o condenados sin pruebas, luego de pasar por un largo, penoso e injustificado proceso. Todo se contaminó de venganza política, quedando aún injusticias por resolver, revertir y resarcir. Sin embargo, en grandes líneas, es bueno que se haya castigado a (casi) todos los corruptos de entonces.

Hoy somos testigos atónitos e indignados del proceso a una red criminal internacional que es, sin disputa, el escándalo de corrupción más grande de la historia humana. En el caso del Perú, algunos de los implicados más conspicuos son por “coincidencia” los grandes moralizadores de “la otra” corrupción. Parte de la prensa, que fuera factor clave en la caída del corrompido gobierno de Fujimori, ahora luce como deplorable cómplice de la enorme maquinaria corrupta y corruptora del socialista Foro de Sao Paulo y su brazo financiero, la podredumbre cartelizada de Odebrecht, OAS, Camargo-Correa, Petrobras, Andrade-Gutierrez, etc. Ni los medios ni la academia ni la “cultura” (véase las comillas) quedan exentos. Se habla de gente “decente y reconocida” contratada para asesorías, presentaciones, escritos y conferencias, con jugosas cifras que la mínima moral llamaría a sospecha, cuando no a condena inmediata. Su silencio de hoy es más que elocuente. Compra de conciencias monda y lironda.

En EE.UU. ha asomado la punta del iceberg: US$ 29 millones pagados en coimas durante el periodo 2005-2014 en el Perú. Es solo una parte pequeña, no cabe duda alguna. En la larga lista de proyectos en los que el sucio brazo corrupto intervino e intoxicó, cuatro de ellos parecen haber concentrado gran parte de la descomposición política: 1) Carretera Interoceánica, con Toledo, Olivera y Kuczynski implicados directamente en la operación inicial y la continuación (incluyendo adendas) en los gobiernos de García y Humala-Heredia; 2) Metro de Lima, la línea 1 en el gobierno de García y la línea 2 en el gobierno de Humala-Heredia; 3) Vías de Lima, la entrega de peajes en la gestión municipal de Susana Villarán; 4) Gasoducto del Sur, también en el gobierno de Humala-Heredia. A grosso modo, estos proyectos tienen una cuantía conjunta de US$ 15,000 millones.

Dos de estos casos muestran indicios y evidencias abundantes. Ya debería haber prisión preventiva o al menos impedimento de salida del país. En la Interoceánica, las responsabilidades de Toledo y Olivera son imbarajables, mientras que la de Kuczynski —entonces primer ministro de Toledo y hoy presidente del Perú— pende de un hilo y amenaza con un grave impacto desestabilizador contra nuestra frágil y precaria democracia. En las Vías de Lima, además de la gran inepcia de Susana Villarán, se confirman ahora las peores sospechas de corrupción. El derroche de dinero en las campañas de Susana Villarán y la complicidad de muchísima gente relacionada con los medios, la academia y la “cultura”, se extiende también a otras campañas políticas. Es innegable la intromisión de la mafia brasileña en diversos procesos electorales, tanto los de Villarán como el de Humala-Heredia. Desde la última elección presidencial —ahora lo sabemos— Kuczynski sufre la difícil y paradójica posición de haber sido beneficiario (¿consciente?) de la gran mafia del Foro de Sao Paulo y la Red Odebrecht.

Emergen muchas preguntas plenas de inquietud, de desesperanza y hasta de amargura. ¿Acaso nuestro presidente está comprometido y eso explicaría la lentitud, laxitud y hasta lateralidad con que asume su rol natural de impulsar la judicializaciòn de la mega-corrupción?¿Por qué la prensa “concentrada” del Grupo El Comercio no trata el tema de la megacorrupción con la importancia relativa que le corresponde? ¿La constructora Graña & Montero, ligada al Grupo El Comercio y socio nacional de Odebrecht, no sabía nada de los turbios negocios pero disfrutaba las pingües ganancias? ¿Y la implicación de algunos gobiernos regionales? ¿El corrupto presidente regional de Ancash, acusado incluso de asesinato, trabajó con Odebrecht? ¿Dónde están los “indignados” de la academia y la “cultura” (otra vez, véase las comillas)? ¿Por qué mientras los otros países afectados por la megacorrupción ya han identificado con nombres y apellidos a algunos de los receptores de coimas, en el Perú hasta ahora no pasa nada? ¿Y el Informe Kroll, no será que no solo exime de todo cargo a Alberto Fujimori, sino que muestra otros nombres y otros dineros mal habidos?

Por Darío Enríquez

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