MPHH 2

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La desgracia de un gobierno Humalista


¿Es posible reducir el IGV en un punto?

Gracias al emplazamiento de la oposición al Gabinete Zavala —en el sentido de que se informara sobre la realidad económica, social e institucional, que dejaba el nacionalismo—, horas antes de otorgarse el voto de investidura los peruanos pudimos conocer que la herencia económica humalista representaba un verdadero desastre para el país.

No solo se trataba de que la anemia infantil abarcaba al 43% de niños menores de tres años, que la desnutrición crónica había aumentado y que las tasas de vacunación se habían desplomado del 95% al 60% de la población, sino que uno de los pilares de la economía del Perú de los últimos 25 años había estallado: la disciplina macroeconómica. Con el gobierno de Ollanta Humala entonces se había abandonado uno de los fundamentos del crecimiento y de la reducción de pobreza de las últimas décadas.

Las noticias que se encargó de propalar el ministro de Economía, Alfredo Thorne, en el Legislativo todavía resuenan en los oídos de los peruanos. El déficit fiscal de los últimos doce meses llegó a 3.3% del PBI, no obstante que el gobierno saliente se había comprometido a un déficit de 2.5%. El desastre sucedió a pesar de que el nacionalismo había heredado un superávit de 2.2% en el 2011. La deuda pública llegó al 25% del PBI, pese a que el 2011 representaba el 22.1%. Además la presión tributaria retrocedió a 14% del PBI.

Pero esas no eran todas las malas noticias. En el acumulado anual la inversión pública cayó en 23%. Y el aumento de haberes en el quinquenio ha sido de alrededor del 100%. El ministro de Economía también informó que los compromisos futuros en salarios comprometían S/. 3,300 millones. En el caso de la inversión pública habló de S/. 28,000 millones comprometidos para el 2017, antes de que la nueva administración pueda organizar el nuevo presupuesto.
La irresponsabilidad en el manejo económico del nacionalismo entonces es más que evidente, sobre todo luego de conocerse que algunos funcionarios del Ministerio de Economía y Finanzas se reunían directamente con la ex primera dama, Nadine Heredia. ¿Para qué sirve el autoflagelo? ¿No se debería mirar para adelante?

El conocimiento de la realidad que deja el nacionalismo sirve para saber de qué hablamos cuando hablamos de economía. Por ejemplo, una de las propuestas más polémicas de la nueva administración PPK es la reducción de un punto del IGV para avanzar en la formalización y la ampliación de la base tributaria. Los detractores de semejante iniciativa, entre ellos la oposición mayoritaria en el Legislativo, señalan que una propuesta de ese tipo es demasiado arriesgada; especialmente cuando el déficit fiscal se ha disparado, cuando cae la recaudación tributaria y cuando hay compromisos de aumentos salariales. Se argumenta que por cada punto de reducción de IGV se dejaría de recaudar S/. 3,000 millones. Y si las cosas siguen por ese camino, el Perú hasta podría perder el grado de inversión. En este contexto, ¿cómo se reduce el IGV?

Gracias al conocimiento de la herencia económica del nacionalismo, entonces, quizá la administración de PPK ha encontrado el argumento perfecto para postergar la propuesta de reducción del IGV —que sonó fuerte en la pasada campaña electoral— para un mejor momento para la economía. Si en la solicitud de delegación de facultades al Legislativo, el Ejecutivo insiste en la propuesta quizá, en silencio, espera la negativa del Congreso como una gran salida a este atolladero. En todo caso la mesa está servida para virar el timón.