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Alberto Ísola: “Este es un país homofóbico y machista”

Escribe:
Óscar Miranda

Alberto Ísola (63) se ha perdido el mensaje presidencial. Por alguna razón, pensaba que sería en la tarde, así que quedó con unos amigos en almorzar y verlo juntos. Se pasó la mañana leyendo y, como no tiene televisión, no se enteró de nada. Cuando llegó al almuerzo, le dijeron que ya todo había ocurrido. Ísola no es precisamente un apasionado de la política y hace tiempo que no le interesaba escuchar los discursos de Fiestas Patrias. Pero este mensaje sí quería escucharlo.

–Tengo una buena sensación con él–dice, refiriéndose a Pedro Pablo Kuczynski. –Creo que su tarea no va a ser fácil, pero es una persona en la que tengo confianza. Y esperanzas, algo que no suele tener.

Estamos en la sala del Teatro Ricardo Blume, en Jesús María, donde en un par de horas Ísola actuará en la obra Cielo abierto, junto a Wendy Vásquez. Esta es una charla pensada para hablar de teatro –acaba de ganar el Premio AIBAL a Mejor Director por El continente negro–, pero lo que ocurre en estos días –el cambio de mando, el desfile, las banderitas en las calles– hace que nos detengamos por un momento en la coyuntura.

Le pregunto su opinión sobre el gobierno que termina.

–Voy a usar un cliché: sin pena ni gloria. Mi sensación es que no ha estado mal pero que a la vez no ha sido un gobierno que haya hecho avanzar mucho al país... No tengo una sensación totalmente negativa. Entre otras cosas, hubo un Ministerio de Cultura...

–¿Se hicieron cosas buenas en Cultura?


–Se ha hecho mucho de lo que se ha podido. No es fácil. Uno de los que fue ministro es Luis Peirano, uno de mis mejores amigos, así que conozco bien las estrecheces del presupuesto. Sé que Kuczynski ha hablado de la cultura [en su mensaje], creo que es el primer presidente que hace eso, que yo recuerde. Es muy difícil porque tienes que cubrir desde las cosas arqueológicas hasta las publicaciones. Pero que se haya pensado que vale la pena, me parece importante.

Hablamos un poco más de las dificultades de hacer cultura en el país y de sus expectativas sobre el nuevo ministro, Jorge Nieto Montesinos. Pero Ísola no solo presta atención al relevo en el gobierno. Lo ha sorprendido gratamente este despertar ciudadano que se ha manifestado en los últimos tiempos en marchas como las que respaldaron la Unión Civil y la que, el 13 de agosto, protestará contra la violencia hacia la mujer. Dice que ha quedado "conmocionado" en el buen sentido de la palabra.

–Creo que estos hechos han sido como la punta del iceberg porque la cosa viene desde hace tiempo. Este es un país homofóbico y profundamente machista, y también es un país corrupto. Entonces, estas reacciones me parecen una señal extraordinaria de que las cosas están cambiando.

Dice que le hubiera gustado estar en algunas de las últimas movilizaciones, pero que siente nervios ante las multitudes, sensación que se ha propuesto superar cuanto antes.

–En algún momento voy a tener el coraje suficiente para ir a una marcha– promete.
La fórmula del éxito

Se considera afortunado porque nunca le falta trabajo. Pero agrega que eso pasa porque se lo busca. Siguiendo el consejo que le dio hace mucho Ricardo Blume, cada vez que le gusta la obra o el texto de un(a) director(a) o dramaturgo(a), va y le dice: "Oye, me gusta tu trabajo, si alguna vez piensas en mí o me necesitas, acá estoy". Y siempre lo llaman.

Sin embargo, depender de otros le impedía desarrollar una continuidad en su discurso como director. Por eso fue que en 2013 creó, junto a sus amigos Juan Carlos Adrianzén y Magali Bolívar, la productora Escena Contemporánea, con la que empezó a montar piezas independientes que le interesaban personalmente.

Como el continente negro, la obra que estrenó en junio del año pasado y que le valió obtener el Premio AIBAL.

–Es una obra que yo siempre quise hacer– dice sobre esta historia de parejas conflictuadas escrita por el chileno Marco Antonio de la Parra. –Me fascinan este tipo de historias. Más que las obras históricas donde ves grandes fuerzas en pugna, me encantan las historias individuales, las cosas cotidianas de la vida a través de las cuales tú ves un mundo.

El más grande éxito de Escena Contemporánea ha sido Nunca llueve en Lima, que se estrenó en abril pasado. Salas pobladas y buena crítica. Si le preguntan a Ísola cuál es la fórmula para que una obra funcione, dirá que no existe. Y por eso se ríe de las productoras que hacen estudios y focus group para descubrir "qué es lo que le gusta al público".

–Ese es el camino más rápido al fracaso. Yo sigo la lección de Tolstói: "habla de tu aldea y serás universal". Si tú estás comprometido con lo que haces, puede que la obra tenga éxito. Yo nunca podría hacer una obra haciendo antes un estudio que diga "este es el tema que la gente quiere ver".

Le pregunto cómo es como director. ¿De los gruñones? ¿De los gritones? ¿De los obsesivos?

–En una época era muy gritón, muy impositivo. Lo que me cambió fue empezar a enseñar. Antes tiraba puertas, ahora ya no. Los actores que vuelven a trabajar conmigo después de años me dicen "eres otra persona" (risas).

No es común que alguien alterne la dirección con la actuación teatral y que en ambas facetas le vaya bien. Él dice que dirigir es, por supuesto, más exigente, aunque cuando actúa es de los que se compromete con todo el proyecto.

–Supongo que habrá directores que querrán que me calle la boca pero no me lo dicen– se ríe. Ísola es una de las figuras más respetadas del teatro peruano. Un ícono. Es inimaginable que un director pueda tratarlo con rudeza. Pero él dice que siempre alienta a que lo traten como a uno más.

–Con Frank Pérez Garland hicimos una serie, "Mi problema con las mujeres". Y el primer día de grabación, Frank, que es muy franco, me llamó a un lado y me dijo: "Me muero de miedo. Porque no sé cómo te voy dirigir". Y yo le dije: "Yo tengo más miedo. Porque yo vengo aquí con una fama que me precede, que es una cosa pesada porque la gente espera que seas perfecto y no lo eres". Entonces, nos confesamos mutuamente nuestros miedos y a la media hora estábamos trabajando de lo más normal.

El mito del 'boom'

No tiene televisión. No tiene celular ("cuando hablas por celular no estás en el sitio en el que estás. Estás en dos sitios a la vez y eso para mí es no estar"). Pero tiene cuenta en Facebook. Fue por el post de un amigo en Facebook que se enteró de que el productor peruano Carlos Arana estaba presentando en Londres Skylight, de su admirado David Hare. Puso un comentario inocente: "Me encanta esta obra". A las horas, Arana le escribía para proponerle hacer una versión de Skylight en Lima. Esa es Cielo abierto.

En Cielo abierto Ísola es Tom, un empresario maduro, exitoso, que se reencuentra con Kyra (Wendy Vásquez), una maestra 20 años menor, que tiempo atrás fue su amante. Los separa no solo la edad sino sus visiones del mundo –la de ella, idealista; la de él, pragmática. Es triste porque se aman. Pero son tan distintos.

No le falta trabajo porque siempre se lo busca, pero también porque vivimos un momento de mucha oferta teatral en Lima. Ísola admite que el teatro tiene más protagonismo que antes, pero es reacio a aceptar la palabra "boom". Y es que hay obras que tienen mucho público, otras que tienen poco público y otras que no tienen ninguno. Él cree que debería existir un programa para formar a los chicos en el teatro. Crear un público. El día en que todos los teatros estén llenos –dice– podremos hablar de "boom". No antes.

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