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¿SACRIFICIO FUJIMORISTA?



¿Debería Fuerza Popular sostener desde el Parlamento a PPK?

De confirmarse el angustioso triunfo de Pedro Pablo Kuczynski (candidato de Peruanos por el Kambio) sobre Keiko Fujimori (Fuerza Popular) varias son las dudas que caerían sobre el próximo gobierno de PPK, el futuro de la democracia y la gobernabilidad de nuestro país cuando apenas falta un lustro para celebrar el Bicentenario. La primera de todas es, ¿cómo podrá manejar PPK, con tan solo dieciocho congresistas, el clásico desencuentro entre Ejecutivo y Legislativo? Desde la esquina pepekausa se están ensayando innumerables fórmulas para fortalecer lo que por obvias razones es desde ya un gobierno débil.

El próximo gobierno no solo no tiene mayoría, sino que además le será imposible formar una coalición con la oposición al fujimorismo. Fuerza Popular no tiene la primera minoría —como sucedió con el nacionalismo en 2011 o con el aprismo en 2006—, sino una mayoría parlamentaria de 73 congresistas. La posibilidad desplegada hoy por los pepekausas gira en torno a que Fuerza Popular colabore con el nuevo gobierno. Es decir, se forme una coalición tácita entre PPK y Keiko, con un programa de reformas sustanciales en el Estado protegiendo las vigas maestras de la economía de mercado. Sin embargo, ¿por qué Fuerza Popular debería colaborar con un gobierno que no es el suyo, sobre todo si el mandato popular le ha dado el rol de oposición?

Varios analistas están pidiendo un esfuerzo y un sacrificio republicano a Fuerza Popular, sobre todo a su lideresa Keiko Fujimori. No obstante, ¿por qué Fuerza Popular debería asumir mayores sacrificios que la ya perdida elección? ¿Fuerza Popular debe sostener a un gobierno que no es el suyo? En todo caso, ¿por qué a la izquierda no se le pide que sacrifique su programa de gobierno propuesto en la primera vuelta para apoyar a un PPK presidente?

Está bien que los analistas, periodistas y políticos le pidan —¡incluso algunos antifujimoristas lo exigen!— al fujimorismo que arríe banderas electorales y apoye a un gobierno, olvidando además los fuertes calificativos e insultos sin fundamento (ladrones, corruptos, narcos). Pero, honestamente, ¿qué cuentas rendiría Keiko a sus votantes? ¿Que el inmenso trabajo de campaña de sus militantes fue para apoyar a un gobierno que solo ganó con un puñado de votos? La historia —que algo ayuda a comprender lo que ocurre hoy— nos recuerda el desgaste de Haya de la Torre cuando el aprismo apoyó a Manuel Prado entre 1956-1962. Aquel es el espejo en el que debe verse el fujimorismo.

El fujimorismo se encuentra en un encrucijada de apoyar o no a un futuro gobierno pepekausista. Por un lado los líderes naranjas tienen un compromiso con la República; y por el otro deben convertirse en una oposición, como la teoría del balance de poderes indica. Quizá su compromiso sea mayor porque Peruanos por el Kambio (hoy en el gobierno) no es un partido y puede implosionar al menor error tal como lo hizo el humalismo; y para seguir con la honestidad, la edad de PPK tampoco ayuda. Será el gobierno de la incógnita.

Iván Arenas