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LOS MATA POLICÍAS

Los mata policías no solo son aquellos que usan armas o piedras, también somos nosotros al ser indiferentes porque esa actitud nos vuelve cómplices. Las muertes de Danny y Moisés importan.

Danny Gutiérrez y Moisés Abensur son los últimos policías muertos. No luchaban contra la inseguridad, no detenían narcotraficantes, sicarios, marcas. Su misión: liberar una zona invadida por pobladores que se oponían a la construcción de una carretera en la sierra de La Libertad. El Comando envió 47 efectivos contra una turba de 300 comuneros que llevaba meses protestando, pero nadie les prestaba atención.

En marzo, la Defensoría del Pueblo alertó de este conflicto social en Barro Nuevo, en la provincia de Otuzco y fiel al estilo de nuestras autoridades, no hicieron nada. Decidieron resolver las cosas por la fuerza y sin inteligencia, con un grupo débil, sin equipamiento, táctica, que tenía todas las de perder y eso exactamente sucedió.

Danny y Moisés murieron ahogados en las aguas heladas de la Laguna San Lorenzo, huyendo de las piedras, del linchamiento seguro. Las fuerzas no les alcanzaron para seguir nadando, sus compañeros que lograron cruzar, no podían volver por ellos y a pesar de las súplicas a la población para que los ayuden, se negaron. A su muerte se suman las historias de horror de los policías sobrevivientes que aseguran haber sido golpeados y hasta torturados.

¿Cómo es posible, aceptable, tolerable que después de un operativo tan mal hecho donde mandaron policías a que los maten, nadie haya renunciado? ¿Dónde quedó la dignidad de las autoridades? ¿En qué momento el costo político se volvió cero? Ser policía implica arriesgar la vida, pero de allí a mandarte al sacrificio, es algo muy distinto. Y lo terrible es que los ciudadanos no nos indignamos. Se murió un policía, normal nomás.

Me parece inaceptable contar esta historia, haber visto las imágenes y que nadie esté detenido. La ley de flagrancia existe, no puede ser que todavía no capturen a nadie. Están investigando dicen, ya están identificados contestan, pero allí queda la cosa. Siempre la impunidad, la falta de acción. Cuando los muertos son civiles decenas están detrás de los responsables y sus penas, pero cuando la víctima usa uniforme, la historia es diferente.

En el 2012, Percy Huamancaja, ¿lo recuerdan? Estaba en el fallido desalojo a La Parada, una turba atacó a su caballo hasta romperle la pierna y el agente ya en el suelo, era linchado con piedras, palos, ladrillos. Dos camarógrafos valientes, Luis García y Luis Corrales le salvaron la vida. Igual, los daños fueron extensos, las imágenes sobraban. Hubo 102 detenidos, en el 2013 solo 2 recibieron 4 años de prisión efectiva, en el 2015 el juicio volvió a empezar. ¿En qué quedó?.

El padre del Mayor Felipe Bazán sigue buscando a su hijo capturado en Bagua. El río donde se sospecha lo arrojaron, jamás devolvió sus restos. Eso sucedió en el 2009 y no hemos aprendido nada. Los conflictos sociales no importan. A mayo, la Defensoría reportaba 152 conflictos sociales activos y 60 latentes. Quizá cuando maten más policías o bloqueen alguna vía central, hagan noticia y las autoridades nos cuenten el cuento que vienen trabajando para resolver la situación y nombren sus comisiones de Alto Nivel.

Cuando hablamos de la policía y sus problemas nos quedamos en el 24x24. Aseguran que la dedicación exclusiva los hará mejores en su trabajo porque no son guachimanes, solo es cuestión de arreglarles el sueldo. Pero si pretendemos que trabajen en estas condiciones paupérrimas donde son carne de cañón, difícilmente tengamos personal motivado.

Recemos por Orlando, pero también prendámosle una vela a nuestra policía porque con tanta desinteligencia, toca pedir ayuda divina. La delincuencia nos mata, los necesitamos, pero sin garantías, nadie va a poner el pecho por nosotros. Los mata policías no solo son aquellos que usan armas o piedras, también somos nosotros al ser indiferentes porque esa actitud nos vuelve cómplices. Las muertes de Danny y Moisés importan.

LORENA  ALVAREZ