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Oswaldo Reynoso y la crítica literaria



Elogios y polémicas generados por sus libros de narrativa

La reciente muerte del escritor Oswaldo Reynoso (1931-2016, perteneciente a la “generación del 50”) nos ha permitido comprobar el gran aprecio de que gozaba en nuestra comunidad letrada. Especialmente entre los autores más jóvenes que él, quienes en estos días han publicado en Facebook numerosos posts lamentando el suceso; casi todas ellos acompañadas de fotos en las que aparecían al lado de Reynoso. De igual manera, las notas periodísticas han sido sumamente elogiosas. Este aparente consenso nos hizo recordar que las obras de Reynoso (literariamente arriesgadas y que siempre abordaban temas polémicos) en el momento de su publicación fueron motivo de grandes controversias: algunos las elogiaban con entusiasmo, otros las criticaban duramente; incluso un mismo comentarista podía pasar de uno de estos extremos al otro.

Las polémicas se iniciaron con los cuentos de Los inocentes (1961), libro que con el tiempo se ha convertido en todo un clásico de nuestro realismo urbano y de temática adolescente. Es conocido el encendido elogio que le hizo José María Arguedas, uno de los escritores más respetados de entonces: “el escritor Oswaldo Reynoso ha creado un estilo literario nuevo: la jerga popular y la alta poesía reforzándose, iluminándose… con este libro empieza un ciclo de una obra que puede llegar a ser importante para la literatura peruana”. Pero, como señala el crítico Jorge Ramos en su tesis de maestría, algunos criticaron el libro señalando que “pintar con regocijante exactitud el vulgar léxico que seguramente utilizan los muchachos entre sí, cuando hablan de sus pequeñas y pasajeras maldades, no es ni arte ni literatura”. Incluso hubo quien lo calificó de “pornográfico”.

Estas controversias se agudizaron con respecto al siguiente libro de Reynoso, En octubre no hay milagros (1965), novela que narra (a la manera del Ulises) una compleja serie de acontecimientos ocurridos en Lima durante un día, el de la Procesión del Señor de los Milagros. Mario Vargas Llosa la comentó entusiasmado: “Es un libro de una crudeza fría y áspera, como la realidad que lo inspira, y tiene los altos méritos —raros entre nosotros— de la insolencia y la ambición… un retrato verídico y múltiple de Lima, una radiografía horizontal y vertical de la ciudad”. Por su parte, el crítico José Miguel Oviedo, amigo cercano de MVLL, escribió sobre Reynoso, a propósito de este libro: “narrador escandaloso y coprolálico… un autor fascinado por la abyección, la morbosidad y la inmundicia en que se revuelca el hombre de esta misma pudibunda ciudad”.

El primer ciclo creativo de Reynoso se cerraría con otro libro polémico, aunque mucho menos logrado El escarabajo y el hombre (1970). El segundo ciclo se iniciaría con En busca de Aladino(1993) y Los eunucos inmortales (1995), novelas que también generarían controversias. Sin embargo, pasado el tiempo y hechos los balances, la crítica ha comenzado a reconocer el valor y la importancia de estas obras. Al respecto, el escritor y crítico Miguel Gutiérrez (compañero de Reynoso en la aventura del grupo Narración) ha escrito:

Ninguno de los narradores importantes de la Generación del cincuenta ha sido tan injustamente tratado por los críticos como Oswaldo Reynoso… pero él es uno de los forjadores de la llamada “narrativa urbana”, y un verdadero innovador en los planos técnico-estructural, de lenguaje y en el nivel temático. Reynoso fue el primero narrador peruano en utilizar el monólogo interior a cabalidad y de manera eficiente. (La generación del 50. Un mundo dividido).

Concluyamos este recuento con unas líneas del crítico Ricardo González Vigil, atento seguidor de esta obra:

Reynoso concilia dos elementos que tendían a darse separados en su generación; mirada crítica de la sociedad y esmero estilístico. En lo primero, se ubica entre los más agudos retratistas de la condición humana: Ribeyro, Zavaleta, Congrains y Vargas Llosa. En lo segundo, entre los prosistas con esplendor verbal y aliento poético: Vargas Vicuña, Durand y Loayza (Años decisivos de la narrativa peruana)

Javier Ágreda.