EL DESPRECIO POR EL VOTANTE FUJIMORISTA



La soberbia y la antisociología de algunos intelectuales


Para desacreditar a la candidata Keiko Fujimori, sus adversarios han desplegado todo tipo de argumentos y narrativas. Algunas de ellas son comprensibles porque, como se sabe, una elección es como una batalla y hasta cierto punto están permitidos los adjetivos ácidos o “sazonadores”, si cabe la palabra. No obstante, otros argumentos simplemente son falsedades o improperios con carga clasista, elitista y discriminatoria. En los últimos días, por ejemplo, el centro de los ataques dejó de ser la candidata naranja, y de pronto todos los fuegos se dirigen al votante que opta por el fujimorismo.

¿Por qué el elector fujimorista se convierte en el centro de las agresiones? Hasta el momento los resultados de todas las encuestas dan un cierto margen de puntos arriba a la candidata Fujimori sobre PPK; sin embargo, aquello debe ser corroborado el 5 de junio. Todo indica que, a pesar de la intensa antipropaganda contra la candidata naranja, esta mantiene un sólido respaldo, sobre todo en los sectores populares D y E, con crecimiento en el C. Para el adversario antifujimorista con anteojeras ideológicas es imposible creer lo que ocurre. ¿Cómo la candidata “narcocorrupta” tiene el respaldo de los sectores populares?

Ante semejante realidad, el antifujimorismo y sus intelectuales dejan de lado la sociología y apelan a la soberbia académica para explicar lo que no pueden enfrentar. Entonces el votante fujimorista es “permisivo” con la corrupción, falto de toda educación o partidario del “roba pero hace obras”. Es decir, el votante fujimorista es parte de la manada, un animal erguido que sigue la orden de un jefe todopoderoso. Nada más alejado de la realidad.

Es cierto, no hay duda, que hay un “lado A” del fujimorismo de Alberto. ¿Quién puede dudar de los bochornosos actos de corrupción o violaciones de Derechos Humanos que sucedieron durante 1990-2000? Hoy, todo aquello ni siquiera la propia candidata naranja lo niega. Sin embargo, hay un “lado B” del fujimorismo que, de una u otra manera, explica que Keiko esté a un paso de ganar las elecciones. El fujimorismo de 1990-2000 llevó el estado a la puna y a los Andes, superó el descalabro económico y ayudó a derrotar al terrorismo. Allí podría estar la explicación. Parte de ese “lado B” del fujimorismo es que además hoy intenta representar a la sociedad emergente excluida por el Perú formal, de allí que el grueso de sus votantes provengan de los sectores populares.

Algo así sucedió cuando Luis Castañeda Lossio ganó de forma arrolladora las elecciones municipales en Lima metropolitana. ¿Cuál fue la explicación de los intelectuales, sobre todo de aquellos que apoyaron a Susana Villarán? El insulto y la antisociología. Quizá la soberbia para ningunear al votante sea una enfermedad contagiosa. Por ejemplo, cuando “Goyo” Santos ganó la región Cajamarca con un abultado resultado, desde Lima algún periodista de derecha calificó al votante que optó por Santos como “electarado”. ¿No es eso acaso antisociología y gatillo fácil?

Por eso alguien dijo por allí que la soberbia intelectual es mala consejera y no hay que hacerle caso.

Iván Arenas