LA LIBERTAD DE CAMBIAR.



Figuras históricas que superaron los estigmas de sus familias

*Simón Bolívar, Karl Marx y César Vallejo de jóvenes.


Desde la noche de los tiempos, artistas y escritores, pensadores y científicos la han reclamado: la libertad. Si todos la necesitamos, ¿por qué no hombres y mujeres que están en el quehacer político? Ese es el sentido de estas modestas líneas. Por lo demás, para pensar nos atenemos a Karl Popper, el conocimiento progresa desde conjeturas y refutaciones. De ahí los contraejemplos. ¿Los amables tuiteros que han reproducido mi nota anterior, pueden tomar lo que sigue como un complemento?

Una familia de ricos que ha hecho dinero de modo deshonesto, ¿puede tener hijos y nietos honrados? Irlandeses hartos de la miseria emigra a los Estados Unidos, amasan una fortuna traficando con alcohol, luego se adecentan, envían los hijos a Harvard, y de esa familia, de Joseph el fundador del clan, salen dos senadores americanos y un presidente. John F. Kennedy y Robert, asesinados acaso por honrados (dejemos de lado, esta vez, Bahía de Cochinos y Marilyn Monroe. Nadie es perfecto).

La política sirve para vengarse. ¿Realmente? Un hombre negro del reino Thembu, lucha por la igualdad, se vuelve terrorista, lo ponen en prisión, lo liberan tras 27 años, se lanza en política y elegido presidente en 1991, tiende la mano a los blancos para proponerles un país en arcoiris. Nelson Mandela.

¿De tal palo tal astilla? Unos judíos alemanes ricos se vuelven protestantes, envían a uno de los suyos a estudiar a Berlín y a Jena, ahí se gradúa y emprende una vida de periodista rebelde, expulsado a Francia, Bélgica, Inglaterra, descubre el proletariado, y sin fortuna personal, estudia, escribe y combate a la burguesía, de la que procedía. Karl Marx.

Había una vez un español criollo, nacido en Yapeyú, La Plata, opta por la carrera militar, en España al lado de los españoles en Bailén combate a Napoleón. Luego viaja a Escocia, se hace masón, y va a combatir al Imperio hispánico hasta arrancarle tres colonias, Argentina, Chile y Perú. Para los españoles un traidor, había aprendido con ellos el arte de la guerra. Para nosotros, el Libertador. José de San Martín.

Había una vez un joven de una familia mantuana, es decir, un criollo blanco y rico, la familia le pone preceptores, con uno de ellos viaja a Europa, se enamora de la revolución francesa, jura salvar de la dominación a América y al regreso, comienza por liberar a sus esclavos negros. Se llama Simón Bolívar.

Los políticos peruanos no cambian. ¿De verdad? Manuel Prado, presidente de 1939 a 1945, puesto por el general Benavides se porta como dictador, siendo un civil. Llena las cárceles de apristas, o los deporta. En 1956, promete devolverles la legalidad, votan por Prado, y en efecto, cumple su palabra. En su segundo mandato es un demócrata. ¿No cambian? Piérola fue el más agitado caudillo del XIX. Pero en 1895, se vuelve un gran estadista. El modelo Piérola garantiza estabilidad hasta 1930.

Hijo de un gallego propietario de tierras en Cuba, lo envían a estudiar derecho, es líder de estudiantes, y una buena mañana, a la cabeza de un puñado de jóvenes, asalta el cuartel Moncada para derrocar a Batista. Fidel Castro. Se inventa el pintor Gauguin que era agente de Bolsa y deja todo para irse a la isla Hiva Oa, las Marquesas. Se inventa Vallejo cuando decide, tras una licencia en literatura, viajar sin recursos personales a Europa. Se inventa Julio Ramón Ribeyro cuando se hace periodista en la France Presse. Manuel Scorza, poeta, se inventa editor, político, novelista. El propio Vargas Llosa, desde los 22 años. ¿Y acaso innumerables peruanos, desde los primeros ambulantes a los empresarios populares no paran de inventarse oficios y destinos? Y eso es social y no biológico. Otros pobres en el mundo andino no tienen la eficaz respuesta de los peruanos.

Los genes, formidable. Pero su estudio está en pañales. Según Evelyn Fox Keller, los mecanismos de la herencia no están todavía claros, los genes mutan, cambian. La cuna cuenta y la biología pero en dosis inmensas el uso de nuestra libertad. “Novelistas de nuestras propias vidas” (Ortega y Gasset). Cada individuo es una república independiente. Si así lo quiere.

No critiquen al que cambia.
Hugo Neira
Tomado de El Montonero