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La cosecha del anti voto

El anti destruye la democracia y la libertad

Es absolutamente sorprendente cómo las élites peruanas no perciben el devastador daño que produce el Antifujimorismo, el Antiaprismo y todas las formas de anti voto en la política e, incluso, en la viabilidad de la propia democracia. De alguna manera en estas elecciones se han desatado expresiones de histeria y, sin temor al yerro, el anti voto ha llegado al paroxismo.

Quizá semejante situación se explique porque en diciembre, enero y febrero, el militante del anti voto se dedicó a pelear con la candidatura de Alan García, dejando al Fujimorismo contemplando en el balcón la cruenta batalla por el segundo lugar. Cuando se percibió que el Fujimorismo podía crecer más allá de su pétreo tercio electoral el Antifujimorismo resucitó con fuerza.

Para entender cómo el anti voto destruye el espacio público vale formular algunas interrogantes. ¿Sin el Antifujimorismo habría existido Julio Guzmán, un muchacho articulado, pero sin ninguna trayectoria política ni mérito alguno para encumbrarse en una posición expectante? Es evidente que no. ¿Sin el anti voto habría existido César Acuña y los estropicios que observamos? De ninguna manera.

¿Sin el Antifujimorismo y el Antiaprismo existiría un Alfredo Barnechea con posibilidades? Todo indica que no. ¿Sin el anti voto Verónica Mendoza podría esconder de la manera más escandalosa a Marco Arana, miembro de su plancha presidencial, y lanzar propuestas económicas abiertamente chavistas y aparecer como un rostro de la renovación? Es clarísimo que no.

El anti voto no solo polariza a los políticos sino que impone la guerra en el periodismo y los análisis. Cualquier voz disonante es calificada como perteneciente al otro bando. La caricatura de Carlín que ubica a Aldo Mariátegui en una galería junto a Vladimiro Montesinos es parte de los excesos, de ese ruido ensordecedor e inaceptable. ¿Cómo recuperamos la cordura entre los periodistas?

Pero los propios políticos que son víctimas del anti voto, incapaces de luchar contra esas tendencias desorganizadoras, sucumben ante ellas e intentan subirse a la ola. Alan García cuando agita el Antifujimorismo olvida que sus adversarios están usando las mismas herramientas que, hasta el momento, han detenido el despegue de su candidatura. Quizá aquí valdría formularse una pregunta, ¿la intensidad del Antifujimorismo, finalmente, también no ha erosionado a García y PPK con el surgimiento de los Guzmán, Acuña, Barnechea y Mendoza?

Desarrollar el anti voto es incompatible con la democracia y la libertad, que existen, precisamente, para votar a favor y afirmar una propuesta, una de las maneras más eficaces de evitar la guerra y conciliar multitud de intereses en una sociedad abierta. El anti voto no solo polariza y debilita las instituciones, tal como lo estamos contemplando el actual proceso electoral, sino que termina destruyendo la democracia.

A través de la historia todas las democracias y libertades se quebraron ante alguna forma de anti voto. En Venezuela, Ecuador y Bolivia el anti voto se desplegó con intensidad y las instituciones democráticas fracasaron. Si miramos la historia, nos percataremos de que las democracias occidentales que se desplomaron ante el autoritarismo y los fascismos siempre experimentaron una etapa intensa de anti voto. ¿No deberíamos reaccionar?

Por Víctor Andrés Ponce

Fotografía: Roberto Cáceres