MPHH 2

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Tuertos en un país de ciegos


Sobre la charla entre Marco Aurelio Denegri y César Hildebrandt

El evento cultural más importante de la semana pasada en nuestro país fue la transmisión por televisión estatal de la tan esperada conversación entre los periodistas César Hildebrandt y Marco Aurelio Denegri (MAD). Un encuentro que había generado gran expectativa entre los televidentes, pues tanto Hildebrandt como Denegri son, entre las personalidades relacionadas con los medios masivos, quienes más prestigio “cultural” tienen actualmente. La conversación se difundió el miércoles a las diez de la noche, en el programa “La función de la palabra” que conduce Denegri. Y aunque para nosotros resultó una verdadera decepción, la mayoría de comentaristas “periodísticos” (tan acostumbrados a las exageraciones) quedaron tan deslumbrados como si hubieran asistido a un debate filosófico entre Sócrates y Platón.

Para empezar, habría que señalar que tanto Hildebrandt como Denegri son periodistas y no intelectuales “académicos”. Los dos han pasado por la universidad, pero no llegaron a culminar sus estudios ni a titularse. Eso sí, ambos parecen ser voraces lectores y sentirse más a gusto en el mundo libresco que en el real. Pero los intelectuales “no académicos” suelen tener un problema: sus lecturas son demasiado dispersas u disparejas, por lo que su “cultura” suele tener grandes vacíos y apoyarse en textos que ya han sido completamente superados. Algo especialmente notorio en el caso de Denegri, cuyos referentes siempre son libros pseudocientíficos publicados hace más de medio siglo y que ya nadie lee.

Por ejemplo, una de las “ideas” recurrentes de Denegri es que el mundo es cada vez peor y que la propia humanidad está en un acelerado proceso de decadencia. Eso es una mala lectura de las reflexiones de algunos autores europeos, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Sobre el momento histórico actual, antes que el pesimismo de Denegri, preferimos el optimismo del británico Agnus Deaton, Premio Nobel de Economía 2015, quien afirmó en uno de sus libros que “la vida es mejor ahora que en cualquier momento de la historia. Más gente es más rica y menos personas viven en la pobreza extrema. Las vidas son más largas y los padres ya no ven habitualmente a una cuarta parte de sus hijos morir”.

Volviendo al encuentro Denegri – Hildebrandt, los televidentes pudimos apreciar como el primero llevó (según su costumbre) la conversación a ese tema (el de la decadencia actual de la humanidad) y que Hildebrandt aceptó esa propuesta. Pero Denegri (acaso por la edad) no fue capaz de “dialogar”, y a las palabras de su interlocutor, siempre cargadas de citas y alusiones a escritores, respondía simplemente con alguna trivialidad sobre el autor mencionado. La dinámica de los diversos pasajes de la conversación fue más o menos la siguiente: 1) Denegri plantea su visión “apocalíptica” sobre algún tema (la civilización, el periodismo, la política, la televisión). 2) Hildebrandt le da la razón, pero matiza un poco el pesimismo radical, mencionando a varios autores 3) Denegri recuerda alguna anécdota o cita completamente trivial de algunos de esos autores. 4) Hildebrandt se suma al recuento de anécdotas “ligeras”.

En un pasaje de la conversación, opinando sobre el periodismo actual, se llegó a mencionar a Borges. En ese momento, Denegri recordó que en las conversaciones entre Borges y Bioy Casares (recogidas en un libro), el primero llega a contar algunas anécdotas “groseras”. Y en esas supuestas groserías borgeanas concluyó el debate (apenas iniciado) acerca de la decadencia del periodismo. Así fue esta decepcionante conversación, que para mucho de nuestros periodistas estuvo llena de detalles “geniales”, y que al día siguiente citaron profusamente en sus columnas de opinión.