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Adam Smith y la seguridad ciudadana


A pesar de que los planteamientos de Adam Smith fueron escritos hace mucho tiempo, aún hoy nos sirven como principios para determinar, por ejemplo, los límites del monopolio de la fuerza del Estado que propugnaba en su obra cumbre “La Riqueza de las Naciones” (1776). En orden a estos límites podemos identificar las funciones básicas y únicas del Estado. Una de ellas es la Seguridad, que muchas veces es descuidada por carencia de recursos, ineficiencia burocrática o decisiones políticas. Al menos esto ocurre en el Perú.

Queda claro que el Poder Ejecutivo es el principal responsable de nuestra seguridad, sin embargo, lo que viene haciendo ha sido insuficiente o más bien un fiasco. Esto lo podemos comprobar los ciudadanos todos los días.

El cambio de las políticas de seguridad del Perú tiene que empezar por la Policía Nacional, para lo cual es necesario dotarla de mejores recursos y capacitación. Se necesita una fuerza policial tecnificada y especializada, con un enfoque primordial en las investigaciones que le permita anticiparse a la comisión de los delitos.

Lamentablemente contamos con un minúsculo número de policías que trabajan en condiciones deplorables y con sueldos paupérrimos (lo que hasta hace poco los obligaba a vender su día de franco). ¿En estas condiciones, cómo les podemos exigir que velen por nuestra seguridad?

Para la reforma institucional de la PNP se requiere mayores recursos. ¿Pero de dónde los sacamos? Pues reduciendo el gasto público que generan muchas instituciones y programas estatales innecesarios, que son fuentes de corrupción, de clientelismo partidario del gobierno de turno, y representan el más puro asistencialismo.

También se requiere otros cambios como la colaboración de los gobiernos locales, descentralizar la PNP, la elección democrática del Comisarios de cada distrito. Establecer que los delitos que se cometen en los distritos sean resueltos por el Comisario local y su equipo. Esto justificaría prescindir del serenazgo por su limitada participación en los asuntos de seguridad ciudadana.

También necesitamos que la policía funcione empresarialmente, lo que significa establecer un sistema de incentivos económicos para el policía que capture más delincuentes o para la Comisaría que reduzca más la delincuencia en su jurisdicción, y también un sistema de recompensas por información para capturar criminales o su captura.

Los ciudadanos cumplen un papel fundamental participando en rondas de patrullaje facultadas para realizar arrestos civiles, en permanente cooperación con la policía local.

¿Y si también le damos a las municipalidades la facultad para administrar y ejecutar justicia en su jurisdicción? Por ejemplo, para los delitos menores o de menor cuantía como el hurto. Para ello cada jurisdicción debería tener una cárcel municipal, con un fiscal de distrito y un juez de paz elegidos por su ciudadanía. Las municipalidades podrían tener la facultad de imponer penas como trabajos forzados comunitarios a los delincuentes por el tiempo que sean condenados.

Rescatando los principios de Adam Smith, tenemos que reconocer que la seguridad es una condición sine qua non para la marcha de una sociedad, porque sin seguridad los costos de transacción se incrementan, lo cual detiene el progreso y el mejoramiento de la calidad de vida.

Por: Fernando Vigil