El socialismo no es chévere


Últimamente, dentro de mí círculo de amigos contemporáneos (millennials), he percibido un sentimiento generalizado acerca de un tema que, desde mi punto de vista, es preocupante: el socialismo es chévere. He escuchado comentarios de todo tipo, pero sin mayor fundamento económico. “El socialismo no te impide seguir creciendo”, “se necesita un cambio cultural para que la gente deje de pensar de manera individual”, “los países socialistas son menos desiguales y más felices” y “basta con comparar el PBI per cápita del Perú con el de Noruega para entender el éxito del socialismo”. Por ello, como millenial, me siento en la obligación de ser un contrapeso en el debate de estas ideas.

Por un lado, ¿cuál es la definición que tiene un millenial típico sobre el socialismo? Después de muchas conversaciones acaloradas y un arduo parafraseo, definen al socialismo como aquel sistema en donde la desigualdad económica se ha reducido al mínimo, el Estado se encarga de proveer una serie de servicios de buena calidad, se prioriza el cuidado del medio ambiente y la felicidad colectiva se incrementa. Esta es una definición bastante gaseosa, puesto que no profundiza en las raíces filosóficas del sistema. Dicho en otras palabras, la mayoría de millenialsno tiene idea de lo que realmente es el socialismo.

Entonces, ¿qué rayos es el bendito socialismo? En sencillo, es un sistema social de carácter colectivista, que propone la planificación parcial o total de la vida de las personas y de la economía, subyugando gran parte de las libertades individuales de los ciudadanos. Ésta doctrina ideológica asume que las personas son seres irracionales, incapaces, egoístas y falibles; que buscan obtener el mayor beneficio económico posible. Por ello, se requiere tener un Estado poderoso, que pueda corregir los errores individuales de las personas.

Por otro lado, desde un ámbito empírico, pero en línea con el debate, comparar a Perú con Noruega para certificar el éxito del socialismo es un disparate. Esto se debe a que ambos países tienen diferencias demográficas, históricas, culturales, institucionales y geográficas muy marcadas. Por ello, para validar -o invalidar- el éxito de este sistema, propongo utilizar un ejemplo distinto y mucho más coherente: Corea del sur y Corea del norte.

En primer lugar, las familias surcoreanas perciben un ingreso anual promedio de US$ 30,000, la totalidad de adultos tienen estudios secundarios completos, la población tiene una esperanza de vida de 81 años, los surcoreanos pueden realizar cualquier actividad económica sin temer por la seguridad de su propiedad privada y eligen periódicamente a sus gobernantes. En segundo lugar, las familias norcoreanas perciben un ingreso anual promedio de US$ 2,400, no existen datos sobre la proporción de adultos con estudios escolares completos, la población tiene una esperanza de vida de 70 años, no existe el concepto de “propiedad privada” y es imposible que los ciudadanos puedan elegir a sus gobernantes.

¿Cómo pueden ser tan diferentes dos sociedades que hace sesenta años conformaban una sola nación, si no existen grandes diferencias climatológicas ni geográficas, ni están expuestos a diferentes enfermedades y sus orígenes demográficos e históricos son prácticamente los mismos? Muy sencillo. Corea del Sur desarrolló un modelo de libre mercado, mientras Corea del Norte desarrolló un modelo socialista. Estimado millenial, el socialismo no es chévere.

Por: Juan José García